October 9, 2020

When the church is aflame with bitter political partisanship rather than the fire of the love of God, then functionally we have become atheists. That kind of church is an offense to the example and teachings of Christ. That kind of church is at best a group of religious performance artists or at worst idolaters. There aren’t enough strong words to condemn this culturally preferred and accepted betrayal of Jesus’ vision. When the church forfeits her sacred calling and becomes a pawn and public relations firm for either political party she refuses her spiritual inheritance and she frustrates the grace of God. She becomes like the salt Jesus spoke of, “having lost its saltiness deserves to be crushed underfoot.” Not nearly enough of us in the church condemn this behavior for fear of shrinking membership and monetary donations. Political partisanship of one stripe or the other has successfully cowered much of religious leadership. Too often these days the church resembles the prodigal son, running from a loving parent, bankrupt, on his knees, and eating from a pig trough! This behavior has helped to cause the absence of young people in our churches. They are right to call us hypocrites when they notice the gap between our Sunday proclamation of love and our Monday incarnation of contempt. They are right to look for spiritual meaning and depth beyond the doors of our churches if we refuse to be Christ’s church. The church was founded to manifest the timeless truth of God revealed in Jesus of Nazareth. The church was founded to assist God in God’s search and rescue mission to a drowning world. The church was meant to be a brilliant “other” to the world. We were organized to be planned community – a “colony of heaven” – perpetually in the midst of hell so that people would be saved by seeing and choosing the contrast. We were always meant to be a transformed and transformational community. The church was founded to hope in God, not politicians or political systems. We were not founded to join politicians of any party in their craven coveting of power or their ceaseless disparaging of members of the American family. When we find that political rhetoric and political contempt for people who do not share our political views is our norm, even though we have pledged to “…respect the dignity of every human being…,” then it should be clear, we are a part of the problem. Still, even with the depth and severity of our betrayal, there’s still good news, God delights in showing mercy! So we can acknowledge that we have wandered away from our God and God’s purposes. We can repent and ask for God’s forgiveness and we can bend our lives toward the vision Jesus actually modeled. We can replace our regular vocabulary of rancor with one of extraordinary Christian resolve. The hope of the world remains for more of us to choose daily to follow Jesus Christ. So yes, vote. Vote your Baptismal Covenant. But every day leading up to voting and every day after remember you cannot serve both God and partisan politics.

Matthew 5:13
Philippians 3:20
Luke 15:11-32


For People with Bishop Rob Wright

The new podcast expands on Bishop’s For Faith devotional, drawing inspiration from the life of Jesus to answer 21st-century questions.


“Ateos”

Cuando la iglesia está en llamas con un partidismo político amargo en lugar del fuego del amor de Dios, entonces funcionalmente nos hemos convertido en ateos. Ese tipo de iglesia es una ofensa al ejemplo y las enseñanzas de Cristo. Ese tipo de iglesia es, en el mejor de los casos, un grupo de artistas religiosos o, en el peor de los casos, idólatras. No hay suficientes palabras fuertes para condenar esta traición culturalmente preferida y aceptada hacia la visión de Jesús. Cuando la iglesia pierde su derecho al sagrado llamado y se convierte en un peón y una empresa de relaciones públicas para cualquiera de los partidos políticos, esta rechaza su herencia espiritual y frustra la gracia de Dios. Se vuelve como la sal de la que hablaba Jesús, “habiendo perdido su sabor, merece ser aplastada”. No somos suficientes en la iglesia los que condenamos este comportamiento, por temor a reducir la membresía y las donaciones monetarias. El partidismo político de una u otra rama ha acobardado con éxito a gran parte del liderazgo religioso. ¡Con demasiada frecuencia en estos días la iglesia se parece al hijo pródigo, huyendo de un padre amoroso, arruinado, de rodillas y comiendo de un comedero de cerdos! Este comportamiento ha contribuido a provocar la ausencia de jóvenes en nuestras iglesias. Tienen razón en llamarnos hipócritas cuando notan la brecha entre nuestra proclamación de amor del Domingo y nuestra encarnación del desprecio del Lunes. Tienen razón en buscar significado espiritual y profundidad más allá de las puertas de nuestras iglesias si nos negamos a ser la iglesia de Cristo. La iglesia fue fundada para manifestar la verdad eterna de Dios revelada en Jesús de Nazaret. La iglesia fue fundada para ayudar a Dios en la misión de búsqueda y rescate de Dios en un mundo ahogado. La iglesia estaba destinada a ser un “otro” brillante para el mundo. Fuimos organizados para ser una comunidad planificada, una “colonia del cielo”, perpetuamente en medio del infierno para que la gente se salvara al ver y elegir el contraste. Siempre fuimos destinados a ser una comunidad transformada y transformadora. La iglesia fue fundada para tener esperanza en Dios, no en políticos o sistemas políticos. No fuimos fundados para unirnos a políticos de ningún partido en su cobarde codicia de poder o su incesante desprecio de miembros de la familia estadounidense. Cuando encontramos que la retórica política y el desprecio político por las personas que no comparten nuestras opiniones políticas es nuestra norma, a pesar de que nos hemos comprometido a “… respetar la dignidad de todo ser humano …”, entonces debería quedar claro, somos parte del problema. Aún así, incluso con la profundidad y severidad de nuestra traición, todavía hay buenas noticias, ¡Dios se deleita en mostrar misericordia! Entonces podemos reconocer que nos hemos desviado de nuestro Dios y de los propósitos de Dios. Podemos arrepentirnos y pedir el perdón de Dios y podemos inclinar nuestras vidas hacia la visión que Jesús realmente modeló. Podemos reemplazar nuestro vocabulario habitual de rencor por uno de extraordinaria determinación cristiana. La esperanza del mundo permanece para que más de nosotros elijamos diariamente seguir a Jesucristo. Entonces sí, voten. Voten su pacto bautismal. Pero todos los días previos a la votación y todos los días posteriores recuerden que no pueden servir tanto a Dios como a la política partidista.

Mateo 5:13
Filipenses 3:20
Lucas 15: 11-32